Una pedagogía del olvido

Una pedagogía del olvido

Una pedagogía del olvido En los seminarios con los mediadores de Duitama y Boyacá hemos pensado lo que podría ser una pedagogía del olvido; nos preguntamos si el museo efímero del olvido puede proponer a profesores, estudiantes y, en general, a los grupos de visitantes, una educación olvidadiza e inestable. Lo hemos hecho de dos maneras: en las reuniones que hicimos en Tunja partimos del imaginario de un público no muy adepto al arte contemporáneo, mientras en Bogotá comenzamos directamente por imaginar postulados de la pedagogía del olvido. Sin embargo, estos dos caminos son, por igual, formas de conocerse, empezar por el equipo aún antes que por las obras, conocer inquietudes e inconformidades bajo una pregunta compartida y necesaria: la de qué puede dar el museo efímero del olvido desde su propuesta de educación, para qué el diálogo, y para qué y cómo convertirse en aquellos pedagogos efímeros que pueden llegar a ser los mediadores. Postulados de una pedagogía del olvido: Bogotá Pedagogía del olvido (el olvido contiene lo inestable, pero no al revés) Olvida que esa pregunta ya se respondió Emprende tareas imposibles Ve la memoria como constelación, no como una línea Cuestiona la pedagogía misma, la reunión de un grupo Es paradójica: el olvido es involuntario; sería una pedagogía de lo involuntario Permite al otro contar una y otra vez su historia (y me lo permite) Pone el olvido como un estado del recuerdo Esta dispuesta al cambio. Cambiar, errar, está bien Pone en duda la asociación: memoria-justicia-hacer pagar (Perdono pero no olvido – olvido pero no perdono) Pregunta en qué se pone el énfasis Pregunta si...
Tiempo

Tiempo

Para abordar el museo efímero del olvido hemos elaborado unas categorías de lectura que nos permiten organizar las propuestas y ponerlas en diálogo y tensión con el propio proyecto curatorial. Asumimos el riesgo de no clasificar los proyectos a través de temas inamovibles, de técnicas o de medios; por el contrario, buscamos potenciar cada una de las propuestas a partir de la puesta en contacto entre los proyectos. Dado que el museo efímero del olvido apuesta a mirar las conexiones que sugieren los proyectos, los lazos y los diálogos que se despliegan entre ellos, las lecturas posibles se multiplicarán durante la construcción y puesta en escena de los proyectos, alterando incluso la propuesta inicial de esta curaduría. Señalamos tan solo los movimientos y las relaciones que se despliegan, no hacemos un diagnóstico, ni predecimos el presente. Lea la segunda parte del texto curatorial...
Texto invitado: Capítulo 24

Texto invitado: Capítulo 24

Foto cortesía: Centro Espacial Satelital de Colombia, La Decanatura Capítulo 24 por Julia Buenaventura* En varios de los proyectos reunidos por el museo efímero del olvido, se hacen perceptibles dos líneas. La primera es el interés por el cultivo, la comida y el trabajo en comunidad; la segunda radica en el señalamiento de las nuevas ruinas, esos despojos creados sea por la introducción de nuevas tecnologías, sea por flujos de capital. Este texto entra a explorar la raíz de esas inquietudes. Lea el texto completo...
¿Un museo del olvido, o un museo para olvidar?

¿Un museo del olvido, o un museo para olvidar?

Si el arte contemporáneo nos permite sentir la complejidad del tiempo en el que estamos inmersos (Giunta 2014),  el museo efímero del olvido nos señala una diversidad de maneras de vivir ese tiempo que es a la vez álgido, desconcertante, traumático, nostálgico, idealizador, promisorio y catastrófico. Los proyectos que componen esta curaduría para el 15 Salón Regional de Artistas Zona Centro proponen formas diversas de construcción y reconstrucción del pasado: algunos recuperan el pasado, aún sabiendo que al hacerlo hoy el pasado se modifica; otros inventan un pasado y un presente que configura una visión de futuro más promisorio, escapado de toda lógica y que rehúye a la catástrofe inminente (ecológica, económica, social y política). El museo efímero del olvido propone volver a mirar nuestra relación con el pasado, sabiendo que no lo podemos recuperar tal como fue; sabiendo que “la memoria que se reclama y proclama es menos transmisión que reconstrucción de un pasado, ignorado, olvidado, falsificado a veces, al que la memoria debería permitir ser reapropiada en la transparencia” (Hartog 2007: 173). Esta mirada estrábica que no pierde el presente ni el pasado, recorre las salas del museo. Un museo que aborda el presente desde sus carencias, que dibuja y propone un escenario de futuro posible de ser aún transformado.  Y el futuro, apenas se está dibujando.  Lea la primera parte del texto curatorial...