Ana Carolina Estarita Guerrero

Artista visual con énfasis audiovisual de la Pontificia Universidad Javeriana, diplomada en teorías del arte contemporáneo de la misma universidad en el 2009. Gran parte de su obra reciente incorpora la preocupación por los fenómenos temporales y su efecto sobre la materia orgánica, al relacionar conceptos de las artes visuales con referentes teóricos de la física y la literatura.

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Recordar, olvidar ¿cuál es la diferencia?

La memoria es un proceso dinámico, cambiante. Un proceso que requiere mantenimiento. Uno puede elegir qué día o qué situación recuerda, mas no puede elegir lo que olvida. Es por eso que antes de un examen es necesario repetir la misma lectura varias veces, porque aunque exista la voluntad de recordar las cosas que hemos seleccionado como importantes en el estudio, no es suficiente solo el deseo, sino que también es necesario aplicar una fuerza para fijar el recuerdo, y aun así no existe control total sobre lo que se olvida. Sólo el repaso constante de un recuerdo permite que éste se fije. Pero ciertamente, aún ese recuerdo constante es peligroso: cada vez que recordamos nuestra memoria modifica los recuerdos. Entonces, es como si por nuestra condición humana estuviéramos siempre obligados a olvidar.  Sin embargo, el olvido por un medio o por el otro, ya sea por la supresión completa del recuerdo o la modificación paulatina del mismo, da una suerte de consuelo al que olvida: al no recordar que olvida, no siente nostalgia del recuerdo. Lo que se ha olvidado es como si nunca hubiera ocurrido, porque aún ante la imagen de una cicatriz, la memoria puede inventar un nuevo recuerdo que responda la pregunta. No hay forma humana de constatar el recuerdo y sólo gracias a los medios de memoria externa (fotografía, videos, cartas) es posible verificarlo.

En el proyecto que propongo, dentro del marco del museo efímero del olvido, me dispongo a abrazar la mutabilidad y final desaparición del recuerdo como parte del proceso natural de la memoria. En la pieza en un sitio web se aprecia todos los días una fotografía acompañada por un texto. La condición para que la fotografía permanezca al aire es que por lo menos cada 24 horas debe recibir una visita. Si la fotografía pasa más de 24 horas sin ser visitada, al igual que un recuerdo que no es repasado, será borrada del todo. Sin embargo, la visita diaria no garantiza tampoco que la fotografía se pueda mantener inmutable en el tiempo. Ya que aún cuando se visite diariamente, irá cambiando lentamente, detalle por detalle, sin que el espectador lo note. De igual manera, el texto, como la imagen, irá cambiando su historia. La fotografía del día uno, no será la misma del día cinco y no habrá forma de constatar el cambio ya que día a día la foto será reemplazada por una nueva en el servidor. Será entonces la misma foto, con el mismo nombre, en la misma dirección, con el mismo SEO, lo cual quiere decir que ni siquiera los buscadores de internet podrán notar la diferencia. Una vez que la imagen desaparezca en el sitio web donde antes estaba la fotografía se leerá la leyenda Recordar, olvidar – ¿cuál es la diferencia? de Saul Bellow, que contiene dentro de sí el espíritu de la propuesta.