Colectivo El Honorable Cartel

Santiago Calderón García, Juan Camilo Victorino Ramírez, Luis Felipe Herreño Forero, Daniel Eduardo Hernández Flores, Jesús Alejandro García Aguilera

El Honorable Cartel es un colectivo enfocado en la creación e impresión de carteles que, mediante intervenciones en el espacio público, propone la existencia de una presunta organización clandestina que controla la verdad. Ésta realiza intervenciones en el espacio público utilizando serigrafías, en una suerte de yuxtaposición y pirateo de signos e identidades. De la misma manera, el colectivo no sólo utiliza la serigrafía como medio para llevar a cabo una propuesta de intervención; ésta, si es necesario, puede prescindir del cartel impreso mientras continúe apropiando y subvirtiendo el modus operandi de un cartel.

Fue parte del espacio autónomo La Redada Miscelánea Cultural y colectivo gestor del taller de serigrafía El Primitivo (Bogotá 2011 – 2013). Entre las intervenciones y proyectos que ha llevado a cabo se encuentran: intervención en el IV Congreso Nacional de Filosofía con la ponencia/performance Impostores (Manizales 2012); taller de creación e impresión de carteles en el marco del laboratorio Medios del Cuerpo, llevado a cabo en El Parqueadero del Museo del Banco de la República (Bogotá 2011); participación con el proyecto Satander en La Lunada, Museo de la Bagatela, curada por la venezolana Susana Quintero (Villa del Rosario 2013); residencia artística en Tallermultinacional con el proyecto Reglas de comportamiento en el combate (México DF-Bogotá 2013) .

 

santinasty@gmail.com

yacusemaca@gmail.com

Herreloco@gmail.com

quepasaloco1985@gmail.com

avenidadelapax@gmail.com

http://www.honorablecartel.co/

Portafolio: http://issuu.com/quince16/docs/portafolio_el_honorable_cartel

Buitres del Nuevo Mundo

Muchas vías entre las cabeceras municipales y capitales han sido trazadas para automóviles, echando al olvido viejos caminos que conectaban ciudades y dejando generalmente pequeñas construcciones como vestigio de antiguos paisajes. Estas ruinas son huellas en movimiento, que no son ni pura presencia ni pura ausencia, sino un movimiento hacia el deterioro, una fisura de tiempo que pervive a la efímera presencia de seres humanos en los senderos.

Dichos restos de pequeñas construcciones se manifiestan en el paisaje como objetos que han perdido su función y se mantienen suspendidos entre el eco del pasado y el continuum del progreso. Objetos destinados al olvido, cuyas huellas aún permanecen como testigos decadentes de otros tiempos, en algunos casos futuros inconclusos, pasados que permanecen, promesas del presente. Contiguo a estas ruinas, aparecen ocasionalmente buitres negros americanos, especie parte de la familia de los buitres del Nuevo Mundo y popularmente conocidos como gallinazos o chulos, que en su ambiente natural se alimentan, entre otras cosas, de carroña. Su habilidad para detectar mediante el olfato material orgánico en estado de descomposición los hace parte del paisaje de las zonas de tránsito entre municipios y ciudades, donde llega la resaca de los accidentes viales, que en la mayoría de los casos son animales que intentaron cruzar la vía sin éxito.

La carretera es un no-lugar en el sentido que le da Marc Augé, un lugar donde la transitoriedad de los espacios no deja fijar ninguna importancia con lo que pasa a través de la ventana. El automóvil es un dispositivo de tiempo, que anula en su paso por la carretera el contexto convirtiéndolo en una pura sucesión de imágenes. Buitres del Nuevo Mundo se plantea entonces como un proyecto de intervención en espacio público que tiene el propósito de llamar la atención sobre estos espacios en ruinas e identificar dichos no-lugares sin indagar sobre su pasado, solo señalando su existencia y su olvido, disponible como un olvido de reserva, un ejercicio de recuerdo que no es sobre el relato de como llego algo a ser ruina, sino del estado actual de las cosas, una arqueología cartográfica de lo arruinado en la vera.

La bicicleta, que es un dispositivo de tiempo, permite una experiencia al borde de la atención, de la observancia de los detalles en el paisaje. Ésta nos permite dirigir por un momento nuestra mirada hacia los vestigios del paso del progreso sobre la carretera y tener un acercamiento directo con aquello que a la experiencia del conductor o pasajero de automóviles se le anula.  De esta manera, la intervención se materializará, por un lado, a través de la pega de carteles con imágenes de gallinazos en un recorrido en bicicleta de varios días desde Bogotá hacia Tunja, componiendo sobre las ruinas bandadas de buitres negros en búsqueda de carroña, o para el caso en búsqueda de escombros; por el otro se planea un catálogo virtual en el que se recogerá las distintas intervenciones y experiencias de temporalidad de la que cada ruina es huella.