José Ismael Manco Parra

Soy un campesino boyacense de Duitama, Boyacá. Tengo 30 años y desde muy pequeño he tenido un interés por las artes plásticas que he venido explorando y fortaleciendo en un proceso de autodisciplina. Me gusta principalmente dibujar, aunque experimento con materiales naturales como tierras, tintes de semillas, entre otras cosas, en esculturas, pinturas, dibujos, e instalaciones. Como campesino que soy, cultivo alimentos y es una de mis fuentes más importantes de sostenimiento. Hace unos 4 años estoy mostrando mi trabajo y me interesa con lo que sé hacer crear lenguajes, con el fin de facilitar espacios de discusión y pensamiento frente a temas como la memoria de mi territorio, incluyendo mi propia memoria, representado en nuestro patrimonio natural y cultural, nuestras semillas, nuestros campesinos y campesinas y nuestra herencia indígena, que es real en nosotros y la matriz de pensamiento que sostiene todo esto que es la tierra.

j.helio08@gmail.com

 

Intercambio de semillas y pensamiento

El proyecto consiste en olvidar métodos y prácticas y recordar métodos y prácticas relacionadas con la producción de alimentos. El dibujo es en este proyecto, un elemento de comunicación y documentación. Estas acciones contribuyen a crear espacios de encuentro, intercambio y construcción de pensamiento, de temas que atañen a nuestro territorio, pero que no dejan de ser de interés global.

Esta propuesta nace de la necesidad de crear, de buscar coyunturas de participación y compartir mis intereses, pensamientos y experiencias, como también de escuchar las opiniones de las personas frente a mi propuesta. Después de pensar cómo proponer procesos de cambio, tenía un elemento que era el dibujo pero quería que se ampliara un poco más el lenguaje; entendí que este lenguaje se amplía solo en la práctica y el intercambio: cuando hablas con la vecina que llega a la casa a hacer unos envueltos (cocinar), el otro vecino que viene a trabajar en mi cultivo ayudándome a sembrar o desyerbar o en fin cualquier actividad de labranza, o los amigos que me buscan para que los guíe en un paseo por el páramo.

Invité a algunos de ellos, a una exposición en la que tuve la oportunidad de mostrar mis dibujos y en el cual propuse también un espacio de interacción un poco más concreto con el público. Hice una instalación con semillas nativas como maíz, papa, frijol, haba, que hemos conservado por mucho tiempo con mi familia en una finca que también tenemos de varias generaciones atrás. Allí  se siembra para comer y se guarda lo mejor para las semillas; es un legado material e inmaterial que no entendía muy bien cuando era pequeño, pero a medida que crecía lo fui valorando. Mi mamá me enseñó un sentido de pertenencia por mi finca, como el sitio donde uno puede ir a producir comida y estar en comunicación con la naturaleza y la semilla como un capital intransferible y que no importaba que diera más o menos en la cosecha pues lo importante era “comerse un bocado limpio y producido con sus manos y con el sudor de la frente”.

Entre otras cosas, las prácticas de producción empresarial agrícola son muy diferentes a estos pensamientos ya que prima la relación del costo beneficio pasando por encima de lo que sea; así que esta relación hace que las prácticas y métodos cambien. Y es lo que estaría relacionado con el olvido. En las etapas de investigación empecé por entender mi posición como campesino y artista, encontrar las personas que querían hacer parte del proceso, definir el canal de acción del proyecto que se basa en subjetividades, y empezar por compartir semillas saberes y el territorio. Se realiza en la dos fincas de herencia familiar y en los predios de algunas de las personas que participan del proyecto.

En las fotografías se pueden ver algunas imágenes de intercambio en la Universidad Nacional y un taller realizado para 65 niños en las veredas de Suaneme y Nocuota del municipio de Pesca.