Laura Cristina Peña Murcia

Egresada de la Universidad de los Andes de las carreras de Derecho (2012) y Arte con Énfasis en Medios Electrónicos y Artes del Tiempo (2009). Actualmente estudiante de ultimo semestre de Maestría en Derecho (investigación jurídica) en la misma Universidad. Abogada de la firma López & Montealegre Asociados ltda.

Entre sus exposiciones individuales se encuentran: Venir abajo, realizada en La Paternal Espacio ProyectoLPEP– de Buenos Aires, Argentina (2014); El Banquete, realizada en Laagencia, Bogotá, Colombia (2011) y Suspensiones, realizada en la Universidad de los Andes, Bogotá (2009). Entre sus exposiciones colectivas de los últimos años se encuentran: Melgart, realizada en el Museo de Arte Moderno de BogotáMAMBO (2013); Urbanismos transitorios, realizada en el Centro Colombo Americano de Bogotá (2013); Manimal, realizada en The Warehouse Art Galería de Bogotá (2012); Ventanas, realizada en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (2009) y Estudio de riesgo, realizada en la Sala de Proyectos de la Universidad de Los Andes, Bogotá (2008). Ha realizado proyectos de curaduría y gestión como integrante del colectivo Si Nos Pagan Boys, entre estos: Dónde Manda Marinero No Manda Capitán, premio de la Cámara de Comercio de Chapinero en Bogotá –CCB (2013); Melgart premio de curaduría del MAMBO (2013); Manimal en The Warehouse Art Galería (2012) y Jaime Molina, en L.A Galería de Bogotá (2012).

 

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De paso…

(Venir abajo)

A veces queremos retener los lugares que transitamos, visitamos y vivimos. Percibir que existe un tiempo, tener memoria o conciencia de éste, es también entenderse como turista o visitante; alguien con un punto de partida y de final. Siempre he sentido problemático el tiempo: no querer soltar el pasado, sentir que extravío o huye el presente y querer estar, y no, en el futuro… Muchos gestos, acciones y objetos han sido para mí una colección de souvenirs, eventualmente, evidencia de un problema, obsesión, manía, reflexión o simplemente la forma en que se me facilitó empezar a asumir y conocer un miedo…

Aquel que visita un lugar y toma un recuerdo-souvenir, pretende capturar, aprisionar, adquirir y conservar o retener memoria de dicho espacio geográfico-temporal. Mediante el gesto de apropiación del objeto o recuerdo, o la sustracción de parte de ese lugar, el sujeto, a su vez, impone a ese espacio y experiencia su punto de vista particular. Se trata de un acto entusiasta cuya consecuencia es también un nuevo espacio por llenar, una germinación de una especie de “nada”. Este proceso puede ser un gesto melancólico, egoísta, de admiración, autoritario, o de diálogo con una experiencia. En todo caso un acto que revela, a su vez, la inutilidad del esfuerzo.

Souvenir, del latín sub- (bajo) y venire (venir), venir abajo, es también el paso del tiempo, la decadencia, la ruina. Toda edificación es testigo de vida e historia; en su presente o instante de esplendor carga su olvido y muerte en potencia. La ruina sólo es ruina si a los ojos de un alguien algo cayó, decayó… Sólo hay ruina si ésta es observada, pero, independiente del observador la materia existe.

De paso, consiste en la acción de raspar un área delimitada de un muro de varios lugares de la zona centro. Su fin es tomar posesión de eso que se “quita” y conservarlo en frascos. La acción de raspar, entre sus definiciones se afirma como “hurtar”; pretender la apropiación de algo, no obstante, hurtar implica el reconocimiento de que ese algo no es propio. Una acción inútil: lo hurtado no podrá ser propio. Raspar, como la imposibilidad de retener un tiempo y una realidad, el sacrificio de una parte de ésta para la realización de un esfuerzo cuyo resultado es ficción. El recuerdo como tragedia; como intento heroico cuyo inevitable desenlace es una ilusión.