Luis Carlos Tovar

Luis Carlos Tovar nació en Bogotá, Colombia en 1979. Estudió Artes Visuales en la Universidad de los Andes, con énfasis en Historia y Teoría de la Arquitectura y Urbanismo. Ha participado en varias muestras individuales y colectivas en Buenos Aires, Bogotá, Nueva York, París y China. Desde sus inicios, su trabajo se encaminó hacia la reconstrucción y el cuestionamiento de la memoria histórica a través de instalaciones insitu. Sus últimas exposiciones cuestionan la problemática del tiempo y la identidad, dos nociones indefinibles. La fotografía le ha permitido registrar sus intervenciones efímeras en el espacio, en particular aquellas relacionadas con el Proyecto Silla Rimax, iniciativa que ha ido paulatinamente transformándose. Ha participado en diferentes escenarios, como en Photoquai 2011 en el Museo Quai Branly y en la Torre Eiffel en París, en el Museo Arte Moderno de Bogotá en el 2012, en Fotográfica 2013 en Bogotá y en el Festival Internacional de Pingyao 2013 en China. Adicionalmente, ha sido docente de dibujo, pintura y fotografía en diferentes fundaciones e instituciones privadas y públicas. Ex Cathedra (La Silla como Objeto de Representación), fue un proyecto pedagógico presentado para “La Université de Tous les Savoirs” (UTLS) en el 2012. Su más reciente proyecto Autogeografías, el cual integra su recorrido artístico y pedagógico, fue desarrollado en el marco de la conmemoración de los diez años del Museo de Arte de la Universidad del Magdalena.

luiscarlostovar@gmail.com

www.luiscarlostovar.com

 

Santander amenaza ruina

“La arquitectura tiene que ser un objeto de nuestra memoria.

Cuando evocamos, cuando conjuramos la memoria para hacerla más clara,

apilamos asociaciones de la misma manera que

apilamos ladrillos para construir un edificio.

La memoria es una forma de arquitectura”.

Louise Bourgeois

Deshacer_Undo: Proyecto Santander Amenaza Ruina
Video Instalación (50.000 fotografías B/N animadas)
20 minutos
2015
El abandonado Colegio Distrital General Santander, es una de las construcciones patrimoniales más ignoradas de la Plaza de Usaquén. Sin embargo, ubicada en la esquina noroccidental de la Plaza, la estructura agrietada y en ruinas es un símbolo de resistencia a la indiferencia y al olvido. De hecho, como lo afirma Bourgeois, la arquitectura del colegio es un objeto de la memoria de sus habitantes, la cual, al ser evocada apila asociaciones de la misma manera que apila ladrillos para construir un edificio. La memoria es una forma de arquitectura.

El proyecto se compone de dos instalaciones, las cuales dignifican y visibilizan tanto los vestigios del espacio arquitectónico, como la memoria colectiva de los sujetos que alguna vez lo habitaron. Es la arquitectura de la memoria la que permite edificar las narrativas individuales en una identidad histórica efímera que, al ser reconocida, facilita el olvido.

Mi interés por el Colegio Distrital General Santander surgió hace varios años. Al ser habitante del barrio, he visto como este bien patrimonial se ha ido degradando poco a poco. La idea de lo obsoleto siempre me ha llamado la atención. Al estar en una esquina de la concurrida Plaza de Usaquén, empecé a preguntarme: ¿En qué momento un lugar o bien patrimonial en este caso, se vuelve obsoleto? ¿Por qué no se ha restaurado el predio?¿Por qué una edificación patrimonial que amenaza ruina no es intervenida? ¿De qué sirve entonces categorizar un bien como patrimonial si no se va a proteger?

Hace poco leí que la Ley 388 de 1997, estipula que ningún propietario privado o público puede dejar caer un bien de interés patrimonial porque acarrea sanciones. ¿Quién regula y sanciona a los encargados del patrimonio, en este caso la Secretaría Distrital de Gobierno, cuando ellos mismos son los que dejaron caer el colegio?

Luego de pensar en el espacio, pensé en sus 1100 habitantes: ¿a dónde se fueron sus estudiantes y profesores cuando se cerró el colegio?

Con todas estas inquietudes empecé a investigar sobre su pasado, presente y futuro. A pesar de los inconvenientes (pude entrar 4 veces antes de que me negaran la entrada), descubrí cosas fascinantes como: 1- que el colegio fue inaugurado en esta sede en 1935 por el Alcalde Sixto López Lleras; 2- que la Ley 132 de 2007, la cual regula el expendio de bebidas alcohólicas en establecimientos comerciales estipula que no se puede vender alcohol a 500 metros de una institución educativa: los intereses de restaurantes y bares de la localidad empezaron a rivalizar con el Colegio; 3- que como nunca se reforzaron las estructuras para garantizar el bienestar de los estudiantes luego del sismo en el 2008, el colegio tuvo que cerrar, desplazando y desarraigando a 1100 estudiantes; y 4- que el actual pleito jurídico en el que se encuentra el predio, entre la comunidad de las Madres Bethlemitas del Sagrado Corazón y la Secretaría Distrital de Gobierno era la razón por la cual no pude volver a entrar.

Debido a la privación, empecé a pensar en cómo podríamos (tanto los habitantes del colegio como yo) apropiarnos de un espacio público que alguna vez conocimos y habitamos de manera efímera. Entonces, empecé a recopilar diferentes testimonios a través del dibujo de exalumnos, profesores, padres de familia, religiosos y habitantes del barrio para reconstruir y reconocer las experiencias vividas pero a partir del recuerdo. La imposibilidad de entrar al colegio y registrar los testimonios “in situ”, es la que ha originado la necesidad de crear una ventana al pasado desde el dibujo mental donde los espacios, objetos y recuerdos son vaporosos y abstractos.

Para poder definir lo que es el olvido para mi, es importante recordar primero lo que es la memoria. Aún si la memoria evoca un entramado de recuerdos en la mente humana, esta tiende a perder la noción espacio-temporal ya que es a través de ella que nos relacionamos de maneras diferentes con el pasado, y por ende con el mundo que nos rodea. A priori, la memoria es un ejercicio individual, pero existen referentes que pueden cohesionar diferentes recuerdos e historias para conformar una memoria colectiva, como lo es el colegio en este caso.

Para mi el olvido es posible una vez hemos recordado y aceptado el pasado. Es un agente de cambio necesario para sobrevivir; porque es al reconocerlo, dignificarlo y visibilizarlo que podemos empezar a mirar hacia el futuro. Olvidar luego del reconocimiento de un hecho que ha sido invisibilizado permite sanar, y así edificar una arquitectura de la memoria digna. Bourgeois plantea que sus “obras son una reconstrucción del pasado. En ellas el pasado se ha vuelto tangible; pero al mismo tiempo están creadas con el fin de olvidar el pasado, para derrotarlo, para revivirlo en la memoria y posibilitar su olvido.”

Un museo efímero lucha contra el tiempo; es dinámico y volátil como las sombras de los asustados transeúntes grabadas sobre el anden de concreto después de la explosión de Hiroshima.

Su estructura cambiante le permite el reconocimiento de un hecho pasado durante un espacio y un tiempo determinados para después esfumarse. Su valor yace en su corta vida. Su potencial está en su transitoriedad. Los proyectos escogidos bajo esta mirada tenemos ese reto…señalar antes de perder la vista.