Mónica Páez

Bogotá, Colombia, 1977. Tiene un título de pregrado en Artes de la Universidad de los Andes, Bogotá y una maestría en Artes con especialización en Medios Digitales del Pratt Institute, Nueva York. Los intereses de Páez se han definido a través de la importancia del lugar en que desarrolla sus proyectos así como el espacio urbano. Páez ha participado en exposiciones como Artistas en residencia, Galería Santa Fe, Bogotá, 2010; Void (en colaboración con Nicolás Consuegra), Galería Magnan Projects, NuevaYork, 2008; Salón ArteCámara, Bogotá, 2006; To Be Scene, Pratt Institute, Brooklyn, Nueva York, 2005, entre otras.

Junto con Margarita García conforman el colectivo artístico Tangrama con el que han participado en exposiciones como: Documentos para un futuro imperfecto, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2010; 13 Salón Regional de Artistas (Zona Centro), Sogamoso, 2009; Contra la validez del espacio, Cámara de Comercio de Bogotá, 2009; IV Salón Bidimensional, Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Bogotá, 2009; 40 Salón Nacional de Artistas, Bogotá, 2006; Lugar no lugar, Programa Nuevos Nombres, Biblioteca Luis ángel Arango, Bogotá, 2005 y Trienal Poli/gráfica de San Juan, San Juan, Puerto Rico, 2004.

Páez es co-fundadora y miembro del comité editorial de la Revista Asterisco (revistasterisco.org), revista de arte independiente colombiana y también fue parte del proyecto La cooperativa. 14 Salones Regionales de Artistas – Centro (proyectocooperativa.org) 2010-2012

 

monpaezp@gmail.com
www.monicapaez.com

 

Dos más dos es igual a cinco

El proyecto Dos más dos es igual a cinco consiste en la reproducción de una serie de billetes de $2.000, $5.000 y $10.000 que salieron de circulación en Colombia a raíz de un robo que se realizó al Banco de la República en octubre de 1994 en Valledupar.

La suma del robo fue de 24.072 millones de pesos, y si bien el Banco emitió públicamente los números de las series de gran parte de estos billetes, los conocidos billetes “vallenatos” se dispersaron rápidamente por el país, generando una gran incertidumbre en la población ya que fácilmente uno podía o no estar recibiendo uno de estos billetes que no tenían ningún valor comercial.

El interés de reproducir facsimilarmente estos billetes, parte de la idea de que el valor del papel –en este caso del dinero– lo determina el banco emisor. Ya fuera de circulación, el  billete gana importancia para los coleccionistas pero pierde su valor comercial.

En este caso, el dinero reproducido apela a la memoria de las personas que los alcanzaron a usar, en particular el billete de $10.000,  que duró solamente dos años en circulación: de 1992 a 1994. Su diseño comprendía –entre otras cosas– en el tiro, a una indígena de la comunidad embera y una figura precolombina quimbaya, y en el retiro un serie de aves nativas del país y un fragmento de un mapa de 1507 desarrollado por el geógrafo Martín Waldseemuller.

De igual manera, los billetes también recuerdan este hecho que afectó al país hace 20 años y que lo titularon los medios de prensa como el “gran robo del siglo en Colombia”. En este caso, el ejercicio propuesto para el desarrollo de este proyecto, denota una ironía en la medida en que se producirá una suma aproximada de 250 millones de pesos a partir de una fracción del dinero en una reproducción en offset. Un dinero que de todas maneras, no tiene ningún valor comercial.

Bertrand Russell utilizó la suposición “dos más dos es igual a cinco” para demostrar que de un enunciado falso, se pueden generar diversas conclusiones. Igualmente, George Orwell en su libro 1984 utiliza este ejemplo, al preguntarse si en el momento en que el estado mencione que “dos más dos en cinco” el pueblo lo asuma como cierto. Parto de esta suposición, teniendo en cuenta que es el banco emisor del país el que le da un cierto valor a un papel para convertirlo en un billete, y es la gente, quien debe aceptar su valor o su invalidez.